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JORGE
JÓSE GONZÁLEZ
Nació:
En Montevideo el 27 de junio de 1944.
CLUBES:
Racing Club de Montevideo
(3) Rosario Central y Velez Sarfield
(1966-1980)
TITULOS:(2) Campeón
del Torneo Nacional Argentino en 1971 y 1973 con Rosario Central.
Recordemos que en esos años se jugaban 2 Torneos (el
Metropolitano y el Nacional).
JUGADOR RÉCORD: Es el Jugador Extranjero que más
Partidos disputo en la Primera División del Fútbol
Argentino con 565 partidos en 14
años de trayectoria.
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SU
CARRERA
Es
uno de los tantos jugadores uruguayos que sintieron el grito
de “Uruguayo Uruguayo” en el fútbol argentino.
A fines del 1965 el morocho marcador
de punta (por entonces N°3) del club Rácing de Montevideo,
Jorge José González, recibió la noticia
que recibió la noticia que podía llegar a cambiarle
totalmente su vida: estaba a punto de ser transferido a Peñarol.
Pero en definitiva unos pocos días después recibió
la confirmación de su pase pero no a Peñarol,
sino a Rosario Central. Alguna vez confesó “el
negro” González que el cambio inesperado de su
destino profesional le provocó una fuerte depresión
anímica; pero no protestó, no dijo nada. Era demasiado
humilde y muy consciente de sus responsabilidades y no quiso
discutir la decisión de su club de origen, por el cual
guardaba un especial cariño. Silenciosamente hizo las
valijas, llegó a Rosario y un par de semanas más
tarde –exactamente el 17 de enero
de 1966- debutaba de lateral izquierdo en un amistoso
contra el Rápid de Viena, en encuentro amistoso jugado
en la vieja cancha centralista. Por espacio de más de
una década, Jorge José González fue símbolo
y ejemplo de la total identificación de futbolistas provenientes
de otros medios con el club canalla con su hinchada y con su
camiseta. El “negro” González fue uno de
los que más se adentró en el corazón centralista.
Con sacrificio, fervor, coraje, hombría se fue ganando
a la “12” de arroyito. Por eso fue, tal vez sin
el brillo rutilante de las grandes estrellas que pasaron por
el club- ídolo de la hinchada centralista y se ganó
por mérito propio, el legítimo derecho a figurar
en la galería de los mas grandesextranjeros que pasaron
por este club rosarino.
El negro empezó a destacarse, y a ganar fama, a partir
de sus épicos duelos con él por entonces más
destacado puntero derecho del fútbol local: el inefable
Luis Cubilla, (en ese entonces en River) a quien González
“borró” prácticamente de la cancha
en sucesivos enfrentamientos.
Mucho antes de eso, ya había sido citado para defender
a la selección juvenil que en 1964
disputo el Campeonato Sudamericano Juvenil y en los Juegos
Olímpicos realizados en Japón. Un año después,
ya titular inamovible en la primera del Racing montevideano,
sus méritos lo llevan a la selección mayor celeste
donde debuto con suceso ante la Unión Soviética.
Ese destino de triunfador de González –que nunca
alteró su natural modestia- lo encontró firme
en su puesto de N° 4 en algunos pasajes poco gratos del
fútbol centralista, ocasiones en que su tenacidad, amor
propio y deseos de superación fueron ejemplo y modelo
que sus compañeros aprendieron a imitar y la hinchada
a valorar de un típico jugador Uruguayo.
Partícipe también, de jornadas centralistas memorables,
iniciadas en una noche agobiante de diciembre en cancha de River,
cuando un árbitro timorato y cómplice “ayudó”
a la consagración de Boca en el torneo nacional, relegando
a Rosario Central al segundo puesto.
Pero bien pronto vendría la posibilidad de la revancha
y González fue campeón en 1971.
Protagonista principal de aquel gol histórico de Aldo
Pedro Poi (también en cancha de River), que dejó
en el camino a Newell´s Old Boys (el archirrival de siempre)
y le abrió el camino al primer campeonato. También
paseó con dignidad y su acostumbrada eficacia su fútbol
simple y rendidor, por las canchas de América a través
de la participación centralista en la Copa Libertadores
y alcanzó el bicampeonato al participar del título
que Central logra otra vez en el Nacional de 1973.
Muchos años más González siguió
dictando cátedra de fútbol con la camiseta N°4
de Rosario Central, agrandando recíprocamente el afecto
que ambos (club y jugador) fueron elaborando desde aquellos
primeros días de 1967 cuando
llegó a Rosario silencioso, desconocido y dispuesto a
triunfar. Cuando alguien recuerda a González, sus relevantes
condiciones de jugador y sus fundamentales aportes a los logros
centralistas encontrará invariablemente la misma respuesta:
La prolijidad de Aimar, la inteligencia de Poy, los cruces perfectos
de Pascutini o la seguridad de Biasuto, fueron siempre la “excusa”
de González para responder y justificar su prolongada
y siempre pareja eficacia. Fue un muy buen lateral, dificil
de pasar y con buena técnica. La hinchada centralista
lo sabe, lo celebra y lo recuerda preferentemente en la enorme
galería de figuras que dejaron su sello en Rosario Central.
Si pensamos en jugadores uruguayos que dejaron todo dentro y
fuera de la cancha por Rosario Central... cómo olvidar
al “negro” Jorge José González. Luego
tendría un pasaje final por Velez Sarfield.
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